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"Cuento de navidad"





"AMOR PURO AMOR"

martes, 15 de junio de 2010

....."BARBA-GREÑAS"


Hubo una vez un rey que tenía una hija muy hermosa, pero tan orgullosa, egoísta y mal educada. Muchos príncipes y nobles, que no la conocían bien y que solamente habían oído hablar de su belleza llegaban al palacio para pedirla en matrimonio, pero ella los despreciaba a todos y se burlaba de ellos, poniéndoles apodos.

Su padre, el rey, decidió organizar una fiesta a la que invitó a todos los pretendientes de la princesa. Y le dijo a su hija :

__Hija mía, vendrán todos los jóvenes nobles de los reinos cercanos. Es mi voluntad que elijas entre ellos el que más te agrade y te cases con él.

La princesa no contestó, hizo un gesto desdeñoso con la cabeza y se retiró a su habitación. Pasó días escogiendo el vestido que se pondría en la fiesta. Quería estar muy bella para enamorar a todos los invitados y reírse de ellos a su gusto.

El día de la fiesta llegaron todos los invitados, príncipes, duques, condes..., la princesa entró en el salón y se puso a pasar revista a todos los pretendientes empezando por los príncipes.
El primero le pareció muy gordo :

__¡Parece un tonel de vino! __se rió.

El segundo le pareció muy alto :

__¡Es igualito que el mástil de la bandera! __se burló.

El tercero le pareció muy bajito :

__¿Por qué no te pones tacones altos? __preguntó riéndose.

El cuarto le pareció muy pálido :

__Su cara es como una torta sin cocer __aseguró con desprecio.

El quinto le pareció muy colorado :

__Te llamaré Cara Cresta-de-Gallo __se divirtió la princesa.

El sexto le pareció un poco inclinado hacia adelante :

__¿Qué hay jorobeta? __saludó cruelmente.
Al llegar al séptimo de los príncipes, se detuvo delante de él y se puso a reír :

__¡Mirad! Su barba me recuerda un matojo de malas hierbas. Desde ahora te llamarás Barba-Greñas.

Y éste fue el nombre que se dio a este príncipe desde ese aquel momento.

Así continuó la princesa y el rey indignado por lo mal que se estaba comportando, allí mismo, delante de todos, dijo :

__Has ofendido a todos estos príncipes y nobles a los que yo he invitado a mi fiesta y te has comportado como una necia mal educada. Así que aquí mismo te aseguro que, te casarás con el primer mendigo que llame a la puerta del palacio.

Y con esto el rey se retiró y los invitados se marcharon, la princesa se fue a su aposento y no se preocupó lo más mínimo por la promesa que había hecho su padre. Estaba acostumbrada a hacer siempre lo que le venía en gana, pensó que ahora ocurriría lo mismo.

Al tercer día un músico ambulante se puso a cantar bajo las ventanas del palacio y cuando terminó su canción rogó que le diesen una limosna.

Cuando el rey lo supo ordenó :

__Haceddle entrar inmediatamente.

Los criados salieron en busca del mendigo y le trajeron a presencia del rey. El músico iba vestido de harapos y se inclinó ante el monarca y la princesa rogándoles que le diesen algunas monedas.

El rey le habló amablemente :

__Has cantado muy bien; en premio a tu canción no me parece suficiente una limosna. Te daré en pago la mano de mi hija.

La princesa se quedó horrorizada y se echó a los pies de su padre rogando y gimiendo, pero todo fue en vano.

__Dije que te entregaría al primer mendigo y mantendré mi palabra. ¡Que llamen al capellán!

Y la ceremonia de la boda se celebró allí mismo.

En cuanto la princesa y el mendigo fueron esposo y esposa, el rey se despidió de su hija :

__Prepárate a partir, desde ahora deberás viajar con tu marido.

Y la princesa salió con el mendigo y caminó tras él . Después de un rato pasaron junto a un gran bosque. La princesa pregunto :

__Decidme, por favor, ¿a quién pertenece este hermoso bosque?

__Al príncipe Barba-Greñas --contestó el mendigo--. Si te hubieras casado con él, ahora este bosque sería tuyo.

__¡Ha, pobre desgraciada de mí! --dijo la princesa--. ¡Ojala le hubiese aceptado por marido...!
Y siguieron caminando, después de caminar unas leguas llegaron a una hermosa ciudad.

__¿De quién es esta ciudad? __preguntó la princesa.

__Pertenece al príncipe Barba-Greñas.--dijo el mendigo--si te hubieras casado con él, ahora sería tu ciudad.

__¡Ha pobre de mí! --se lamentó la princesa--. ¡Ojalá le hubiera aceptado por marido!
__Así lo quisiste y yo no tengo nada que ver con ello --dijo el músico mendigo--. Y, después de todo, ¿para qué andas pensando en otro marido? ¿Es qué no tienes ya uno?¿O es qué yo no te paresco bueno...?

Por fin llegaron a una miserable cabaña en lo más apartado del país del príncipe Barba_Greñas.
__¡Qué choza más inmunda!--exclamó la princesa--. ¿Quién vive acá?.

__En este lugar vamos a vivir tú y yo--contestó el mendigo--. Esta es nuestra casa.
__¿Dónde están los criados? --preguntó la princesa.

__¿Y para qué necesitamos criados? -- dijo el mendigo--. Tú harás todas las labores de la casa , ya puedes empezar, enciende el fuego, pon agua a calentar y preparare la cena, porque tengo hambre.

La princesa no había preparado una comida en su vida y no sabía tampoco encender el fuego, al final, su marido tuvo que enseñarle cómo se hacía.

Después de comer se acostaron a la mañana siguiente muy temprano, el músico mendigo se levantó y despertó a su mujer.

--Ya es hora de que te pongas a limpiar la casa, la princesa se levantó y trabajó durante todo el día de la mejor manera que supo.

Después de dos días, cuando la princesa empezaba a saber limpiar la casa y a cocinar, se agoto lo que había en la despensa de la cabaña.

El músico dijo a su mujer :

--Mujer, así no podemos seguir, gastando dinero y sin ganar nada. Tienes que aprender a fabricar cestos.

Ella salió hasta el borde del arroyo y cortó ramas de sauce y las llevó a la cabaña, intento tejer un cesto, pero no sabía y le salio mal, y además le salieron ampollas en los dedos.

__Ya veo que no sirves para este trabajo. Ponte a hilar.

La princesa se sentó a hilar, pero no le salió bien y encima se rozó los dedos con el hilo hasta que le salió sangre.

__¡Tampoco esto sabes hacer! ¡No sirves para nada! --dijo su marido--. Compraré un lote de cacharros y tú los llevarás al mercado y los venderás.

--¡Ay de mí!--suspiró la princesa--. Cuando me vea la gente de la corte de mi padre se enterarán de lo que me veo obligada a hacer ahora, después de haber despreciado a tantos pretendientes. ¡Todo el mundo se reirá de mí!

El mendigo no le hizo caso :

__Ya te puedes poner a trabajar a menos que prefieras morirte de hambre.

Al principio la venta de cacharros fue bastante bien. La gente que acudía al mercado, viendo una mujer tan hermosa, venían a comprar en su puesto.

El mendigo y su mujer vivieron algunos días con el producto de las ventas.

Cuando ya quedaba poco dinero, el mendigo compró otro lote de cacharros y su mujer volvió al mercado y se sentó en una esquina con las ollas y cazuelas colocadas delante de ella.

Y no había pasado un minuto cuando un soldado borracho paso por allí con su caballo y destrozo la mercancía de la pobre mujer y las redujo a mil pedazos.
La princesa empezó a llorar sin saber qué hacer :

__¡Ay, ay, pobre de mí! ¿Qué dirá mi marido?

Y después de mucho rato, se levantó y se fue a casa.

El marido dijo :

¿A quién si no a ti se le podía ocurrir algo tan tonto como instalarte justamente en una esquina por donde pasa todo el mundo? Bueno deja ya de llorar, ya veo que tampoco para este trabajo vales. Me he enterado que en la corte de este reino necesitan una ayudante de cocina, así que ve a palacio y ponte a trabajar, por lo menos tendremos comida abundante.

La princesa se convirtió en ayudante del cocinero del palacio y realizaba en la cocina las tareas más sucias y más penosas; pero al final de su jornada le dejaban llevarse a casa las sobras, para alimentarse ella y su marido.

Un día, la princesa se enteró de que se casaba el príncipe heredero y que se estaba preparando todo para la fiesta de bodas, se asomó a una de las ventanas que daban al gran salón de recepciones y vio los magníficos preparativos.

Y, mientras contemplaba todo aquel despliegue de espléndidas riquezas, pensó con amargura en su propia suerte y se reprochó con el corazón dolorido su orgulloso comportamiento y la ciega soberbia que le había hecho actuar de forma tan necia y caer tan bajo.

Aquella tarde, como siempre, llevaba a su casa las sobras de la comida en una cestita. En el momento en que salía ella del palacio, llegaba el príncipe heredero vestido con sus deslumbrantes atavíos, cuando la vio, se dirigió a ella y la tomó de la mano diciendo :

__Una mujer tan hermosa debe ser invitada a mi boda.

La pobre princesa se puso a temblar de miedo y de vergüenza porque pensó que el príncipe Barba-Greñas la había reconocido y quería burlarse de ella.

El príncipe mantuvo su mano bien agarrada y la arrastró hacia el palacio, entonces la cestita se cayó al suelo y pudieron ver que contenía las sobras de la comida y empezaron a burlarse y a hacer bromas sobre ella.

La princesa hubiera deseado que la tierra se la tragara. Saltó hacia la puerta y trató de escapar, pero el príncipe corrió tras ella y la alcanzó, la detuvo y le dijo :

__No temas. Yo soy el músico mendigo con el que te casaste y con el que has vivido todo este tiempo. Yo te llevé hasta la cabaña porque te amaba. También era yo el soldado que destrozó los cacharros de tu puesto, todo lo hice por curar tu orgullo . Ahora todo ha pasado. Te has corregido de tus defectos y has aprendido a ser sensata. Ha llegado el momento de celebrar el banquete de nuestros desposorios.

Entonces llegaron los mayordomos y las doncellas, que trajeron el más hermoso traje para la princesa.

El padre de la princesa, sus hermanos y todos los de la corte de su padre estaban invitados a la fiesta y se acercaron a ella y la felicitaron , las fiestas fueron espléndidas y todos disfrutaron enormemente.

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"MUÑECA DE TRAPO"



"Muñeca de trapo,

bella cuando era nueva

hoy tirada en un rincón

con lazos descoloridos

ojos de un triste mirar.


¿Quién en ese estado te dejo?

¿Quién tu belleza no supo valorar?

¿Quién te dejo tirada en un rincón?

¿Quién rompió tu corazón

muñeca de triste mirar?

Vestida de tul raído por el uso

mejillas coloradas,

aun estando abandonada

quizá por vergüenza

de estar botada en un rincón.

Ya tu dueña te dejo

por otra muñeca nueva

¿De qué sirve quejarse

del destino que te toco?

¿muñeca de triste mirar?.

Esa era la queja de una muñeca de trapo, cuando vio que su dueña la cambio por una muñeca nueva y la dejo en un desván, era una muñeca de ojos verdes y una mirada que destrozaba el corazón, tenia las trenzas desechas, el vestido sucio, descalza pero aun así conservaba su belleza. Pero pasado los años, cuando su dueña, que ya era toda una señorita, al limpiar el desván la encontró y recordó lo feliz que fue con aquella muñeca, dijo: ¡Así como yo fui feliz contigo, así que sea feliz otra niña!, la tomo entre sus manos , lavo a la muñeca, la peino y le puso lazos nuevos en sus trenzas, cambio el vestido viejo por otro nuevo y le puso zapatitos de gamuza. La llevo a un orfelinato para donarlo, pasado un tiempo en el cumpleaños de una niña abandonada, fue envuelta en papel de regalo, la muñeca quedo a oscuras hasta que escucho la voz de su nueva dueña, una niña inocente de cinco años, feliz de tener una muñeca de trapo, desde aquel día la muñeca de triste mirar, tenía el corazón contento porque aprendió que su destino era hacer feliz a las niñas sin importar que cuando crezcan la abandonen en un rincón.

Este cuento es mi aporte a la niñez espero que sea del gusto de ellos. No soy escritora pero es lo que me nace y lo pongo en estas lineas. (Ana Salazar)

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