"volare"



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"Cuento de navidad"





"AMOR PURO AMOR"

viernes, 14 de mayo de 2010

....."EL INSOMNIO DE LA BELLA DURMIENTE"

Tú recordarás el cuento de la Bella Durmiente: la maldición del hada mala y cómo la princesa se pincha el dedo con un huso de hilar y cae como muerta. Recordarás que interviene el hada buena y modifica el hechizo:


–La princesa no morirá. Dormirá por cien años y entonces vendrá un príncipe a despertarla. También te acordarás que todo el palacio se duerme y crece un espeso bosque a su alrededor.

Todo había salido bien hasta ese momento. Dormían ya el rey y la reina, los perros y los canarios, las damas y los caballeros, los guardias y los lacayos. Dormían el fuego en la chimenea y el agua de la fuente, pero la protagonista del cuento, la mismísima Bella Durmiente, ¡tenía insomnio y no se podía dormir!
El hada madrina no sabía qué hacer. En todo aquel palacio dormido sólo velaba el aya anciana que había criado a la princesa y había venido a vigilar su sueño. ¡Pero no había tal sueño! La Bella Durmiente padecía insomnio.

El hada agitaba en vano su varita mágica: la princesa no se dormía. Se paseaba con el aya por los salones dormidos, pero no le llegaba el sueño.

–¡Esto no es posible! –se quejó la anciana, fatigada de caminar–. ¡La Bella Durmiente no puede pasar cien años despierta!
–¡Estaré hecha una ruina cuando aparezca el príncipe! –clamó la pobre princesa–. Hada madrina, ¡tienes que hacer algo!

El hada se quedó pensativa un momento. Luego exclamó:

–¡Ya sé! Pediré prestada la manzana de Blancanieves. La morderás y caerás como dormida. Contrataremos a los siete enanos: ellos te fabricarán un precioso ataúd de cristal para que te encuentre el príncipe.

–¡Nooo! –protestó la princesa–. ¡Yo no quiero al príncipe de Blancanieves, ella se pondría celosa! Yo quiero a mi propio príncipe. ¡Este es MI cuento! –sollozaba.

–Podríamos cambiarle el nombre... –meditó el hada–. Ponerle... "La Bella Insomne del Bosque"... Pero significaría mucho trabajo extra –recapacitó–. Habría que irse al siglo dieciocho y cambiar el texto original, contratar otras seis hadas madrinas, una bruja especial, ¡el sindicato de brujas protestaría por las horas extras! Y con la inflación –terminó diciendo el hada– el costo sería prohibitivo.

–¡Además –clamó la princesa– los niños me conocen como la Bella Durmiente y no es justo que me cambies el nombre! ¡Ay, madrina! ¿Qué voy a hacer durante cien años despierta y sola?

–Podrías escribir un libro de soledad... –sugirió el aya.

–¡Ya está escrito! –exclamó la pobre Bella Despierta, y se echó a llorar.

Los niños escucharon el llanto de aquella pobre muchacha y decidieron ayudarla. Vinieron de todas partes y le contaron cuentos para entretener su vigilia. Cada niño y cada niña inventó un cuento sobre el insomnio de la Bella Durmiente. ¡Hay tanto que hacer en cien años!: cosas útiles y bellas, juegos y viajes, libros, fantasías y realidades.

La Bella Durmiente jugó con los niños y los cien años se le pasaron en un suspiro. Cuando, al fin, llegó el príncipe, se sorprendió de encontrarla despierta y fresca como una niña. ¡Hasta el aya se había conservado fresca!.

El palacio despertó, como en el cuento original, y las bodas del príncipe y la princesa se celebraron con gran pompa y alegría. Ninguno de los dormidos supo nunca del insomnio de la Bella Durmiente.

Pero tú sí sabes el secreto y, cuando quieras, puedes inventar un cuento para consolar a la Bella Durmiente cuando no pueda dormir.

....."LA BELLA DURMIENTE"


El día del bautismo de la princesa, los reyes organizaron una gran celebración para festejarlo e invitaron a todas las hadas menos a una: la conocida como el hada malvada y temida por todos.
Esta, ofendida por no ser invitada, se disfrazó y se mezcló entre los invitados. Cuando llegó el momento en que las hadas debían concederle un don a la princesa, el hada mala se acercó a la cuna y le susurró:

- Mi regalo para la princesa es que si algún día se pincha el dedo con un huso morirá.

Afortunadamente un hada buena escuchó el hechizo, y como todavía no había concedido su don le dijo a la princesa:

- No puedo eliminar el don del hada, pero sí cambiarlo. El mío será que si alguna vez te pinchas con un huso no morirás, pero caerás en un profundo sueño hasta que un príncipe te despierte con un beso de amor verdadero.

El rey enterado de lo sucedido prohibió en todo el reino que se hilara con huso y los eliminó a todos, creyendo que de esta forma protegería a su hija.

Una tarde la princesa, que ya había cumplido los 15 años, paseaba por el castillo y halló un altillo al cual nunca había entrado, curiosa como era entró y vio en una silla a una mujer hilando con un huso. Se acercó a mirarlo y en cuanto lo tocó se pincho el dedo y cayó al piso en un profundo sueño.
La mujer, que en realidad era el hada malvada, sonrío con satisfacción pensando que su hechizo había sido cumplido y se marchó por la ventana.

Los reyes lloraron desconsoladamente y recostaron a su hija en una cama de oro que construyeron para ella.

El hada buena al ver el sufrimiento de los padres de la princesa hechizó en un sueño profundo a los reyes y a todos los que vivían en el castillo, quienes dormirían hasta el día en que la princesa despertase.
Así pasaron 100 años, los pastos que rodeaban el Castillo estaban tan crecidos que era difícil llegar a él.

Un día un príncipe que cabalgaba por ahí le llamó la atención ver un castillo abandonado, sacó el machete y se abrió paso entre la espesura. Entró al castillo y encontró a cientos de personas en los pisos, en las camas y hasta sentados en las sillas sin moverse. Se asustó porque pensaba que estaban todas muertas, pero al acercarse a algunas de ellas sintió la respiración y hasta escuchó algunos ronquidos.

Recorrió todas las habitaciones hasta hallar a la princesa dormida. Se quedó unos minutos mirándola, era la mujer más bella que hubiese conocido y se enamoró de ella a primera vista.
Se sentó junto a su cama y la besó convencido de que la amaría siempre. La princesa despertó y junto a ella todas las personas del castillo.
- ¡Tantos años esperé a un príncipe que venga a despertarme! - le dijo la princesa con una sonrisa y le narró la historia del hechizo y las hadas.

Días mas tarde se celebró la boda de la princesa con el príncipe e invitaron a todo el reino y a todas las hadas. El hada malvada enfurecida por el rompimiento de su hechizo se alejó del castillo para siempre.

martes, 11 de mayo de 2010

....."PULGARCITO"

En una humilde cabaña, cerca de un enmarañado boscaje, vivía un matrimonio con sus siete hijos, eran leñadores. El más pequeño de ellos era de tan escasa estatura que sus hermanos le pusieron el nombre de Pulgarcito.
Los padres de Pulgarcito eran muy pobres y a tanto había llegado su pobreza que un día abandonaron a sus hijos en el bosque, rogando a Dios que alguna persona caritativa tuviera a bien recogerlos..

Era una tarde de invierno, los niños se encontraron solos en medio del bosque, temblando de miedo y con frío. Caminaron varias horas y llegaron a la casa de un ogro que les dio albergue y comida, con la intención de comérselos al día siguiente .

Por la noche, mientras el ogro dormía, Pulgarcito despertó a sus hermanitos y con ellos abandonó la casa para ocultarse en el bosque. Al amanecer, el ogro despertó hambriento, pensando que era mejor despachar el asunto de inmediato.

Pero, al notar la ausencia de los niños, tuvo un arranque de furia y proponiéndose encontrarlos, se puso las botas de las siete leguas.

Con aquellas botas, se podía atravesar montañas y ríos con gran facilidad, los niños al ver que el ogro corría detrás de ellos, se llevaron un susto terrible, atinando a esconderse debajo de una peña.

Cuando el ogro llegó junto a ellos se tendió para descansar, y se quedo dormido. Salió Pulgarcito y dijo a sus hermanos que corrieran a refugiarse en la cabaña de sus padres, la cual se divisaba a lo lejos.
mientras tanto, Pulgarcito se acercó valientemente al ogro y se apodero de las botas y ató al ogro fuertemente con un cordel. Se puso las botas encantadas y echó a correr, atravesando campos, montañas y ríos hasta llegar al palacio del rey, a quien informó la captura del malvado ogro.

Cuando el rey comprobó la hazaña de Pulgarcito, le entregó en recompensa cien monedas de oro y joyas , desde entonces, todo fue felicidad y alegría en la casa de los leñadores y nunca más volvieron a pasar hambre.

lunes, 10 de mayo de 2010

....."PULGARCITA"

Había una mujer que deseaba tener un hijo, pero como no podía concebirlo fue a ver a un hada para que la ayude. Esta le dio una semilla para que la plante en una maceta.

Al poco tiempo creció una hermosa flor que al abrirse, apareció adentro una niña del tamaño del dedo pulgar; razón por la cual la llamó Pulgarcita.

Con la mitad de la cáscara de una nuez le construyó una cuna y la tapó con un pétalo de una rosa. Durante el día la niña jugaba en la mesa de la cocina donde había un plato hondo lleno de agua en el cual navegaba sobre una hoja.


Una noche mientras Pulgarcita dormía entró por la ventana un sapo, al ver a la niña tan hermosa pensó que sería una buena esposa para su hijo. Así que se la llevó dormida dentro de la nuez.

Al llegar al estanque, el hijo del sapo que era muy feo, se enamoró de ella y decidió casarse cuanto antes. Pusieron a Pulgarcita encima de una hoja de nenúfar que flotaba sobre el agua y se llevaron la nuez para preparar la habitación nupcial.


La niña sin posibilidades de escapar lloraba desconsoladamente rodeada de peces que intentaban consolarla. Estos decidieron que debían ayudarla y se hundieron hasta llegar a las raíces de la planta, con sus diminutos dientecitos las cortaron hasta que la hoja quedó desprendida y se alejó con la corriente.

Navegó por lugares muy lindos y conoció muchos pájaros que en cuanto la veían tan preciosa le regalaban bellísimas canciones.

Una tarde, un abejorro que la vio se enamoró de Pulgarcita y se la llevó volando hacía el árbol donde vivía. Al presentarla a sus amigos y familiares se burlaron de ella porque al no ser de su especie la consideraban fea, así que el abejorro desilusionado la bajó y la dejó sobre el césped.

Pulgarcita no tuvo otra alternativa que vivir sola, caminando de un lado a otro y alimentándose de pétalos de flor. Hasta que llegó el invierno y con él el frío y la nieve. Pulgarcita se empezó a desesperar por encontrar un refugio para sobrevivir al temporal.


Con mucho esfuerzo, por andar sobre los copos de nieve que eran de un tamaño mayor a ella, llegó a un campo de trigo donde encontró una cueva de una rata. La rata al ver a Pulgarcita hambrienta y con la cara y el cuerpo helado, la invitó a entrar y le convidó una sopa calentita.

La casa de la rata tenía todas las comodidades para pasar el invierno: abundante comida almacenada, una temperatura cálida y un comedor grande para descansar. Luego de terminar la comida se sentaron a hablar y Pulgarcita le narró su historia. La rata sintió pena por la niña pero a la vez le resultaba una compañía agradable, por lo tanto le ofreció que se quede hasta la primavera a cambio de ordenarle la casa y contarle cuentos todos los días para entretenerse.

Los días pasaban y las dos se hacían amigas más íntimas. Un día la rata le habló de su vecino que iría a visitarlas, era un topo ciego muy distinguido, inteligente y rico.

- Sería un candidato ideal para que te cases con él – le aconsejaba la rata.

Llegó la tarde en que el topo fue a visitar a su amiga, la rata le pidió a Pulgarcita que narrara algunas historias para que el topo las escuchase. La rata conocía a su vecino y sabía que al ver con la simpatía y la gracia que contaba los cuentos, el topo se enamoraría de ella; cosa que definitivamente sucedió.

El topo había construido un pasadizo entre su cueva y la de la rata, les permitió a sus dos amigas que pasearan por él pero les advirtió para que no se asusten que había un pájaro muerto.

- Que suerte que no somos pájaros, llega el invierno y mueren de hambre, de frío, no como nosotros que somos más fuertes – comentaban la rata y el topo riendo. Pero a Pulgarcita no le causaba gracia, durante su viaje los pájaros la habían alegrado con sus cantos y se sentía agradecida por ellos.

Por eso esperó a que todos estén dormidos y fue a ver al pájaro. Cuando estuvo cerca de él se dio cuenta que todavía respiraba, entonces lo tapó y noche tras noche le llevaba comida, agua y se sentaba a su lado para hacerle compañía. Hasta que llegó la primavera y el pájaro que resultó ser una hermosa golondrina se recuperó como para volver con los suyos.

Mientras tanto el topo le propuso a Pulgarcita casamiento, y aunque ella lo rechazó la rata la alentó a no desaprovechar tal oportunidad y a pesar de la opinión de Pulgarcita comenzó junto a las arañas a tejer el ajuar de bodas.

Una noche que le contaba a la golondrina su desgracia de tener que casarse con alguien a quien no amaba, la golondrina le dijo:

- Quiero agradecerte mucho por cuidarme, ven conmigo, te puedo llevar lejos donde puedas comenzar una nueva vida, a un lugar donde siempre veas el sol y los árboles y no junto al topo donde vivirás siempre bajo tierra.

- Gracias – les respondió Pulgarcita que extrañaba esa vida al aire libre – Pero no, la rata ha sido muy buena conmigo y se que piensa en mi bien, no puedo dejarla sola. – Y de esta manera se despidieron y la golondrina voló hacia el cielo celeste a buscar a sus compañeras.

Y se fue acercando el día de la boda y Pulgarcita no sabía que hacer, no quería defraudar la amistad con la rata pero tampoco podía casarse con el topo. Así que un día le dijo a la rata que subiría para ver el sol por última vez antes de casarse, y cuando estaba entre las flores, admirando un paisaje repleto de los más bellos colores y aromas, empezó a correr con un poco de culpa pero convencida de que era lo mejor para ser feliz.

- Pulgarcita, Pulgarcita – escuchó que alguien le gritaba.


Miró hacia el cielo desde donde venía la voz y vio a su amiga golondrina que le sonreía, y sin decir nada se subió en su espalda. Volaron junto a otras golondrinas por muchos lugares hasta que llegaron a un sitio como nunca antes había estado: todas las especies de flores y árboles abundaban en él, su amiga la bajó hasta posarla en una flor y le dijo que ahí podría vivir feliz.

Qué sorpresa se llevó cuando de la flor de al lado salió un hombrecito muy apuesto de su mismo tamaño con una corona y alas. Era el rey de las flores y en cuanto se miraron se enamoraron. Al poco tiempo se casaron e invitaron a la boda a su amiga la golondrina, el rey le dio una corona y unas alas para que pueda volar de flor en flor y juntos fueron muy felices y reinaron por años a todas las flores.

....."CAPERUCITA ROJA"



Érase una vez una niña que vivía en el bosque con su madre; todos la llamaban Caperucita Roja, pues siempre se ponía una capa roja que le había regalado su abuelita.

Cierta mañana, llegó un mensajero trayendo una carta con la noticia de que la abuelita no se sentía muy bien de salud.

-Una buena sopa de verduras le haría mucho bien -dijo Caperucita Roja.

-¡Qué buena idea! -comentó la madre de la niña, e inmediatamente empezó a preparar una cesta para que Caperucita Roja le llevara a la abuelita.

Cuando la cesta estuvo lista, la niña se puso la capa roja y se despidió de su madre.

-No te distraigas por el camino, hija. Ve directamente a casa de la abuelita. Recuerda que hay muchos peligros en el bosque.

-Así lo haré, mamá. No te preocupes -dijo Caperucita Roja.

Caperucita olvidó bien pronto su promesa y se distrajo con unas flores y unas mariposas de colores. Luego vio otras más hermosas un poco más allá y así, poco a poco, se fue desviando del camino.

De repente, apareció por entre los árboles un lobo feroz.


-¿Quién eres y qué haces aquí? -preguntó el lobo.

La niña respondió: -Me llaman Caperucita Roja y estoy recogiendo flores para llevarle a mi abuelita, que está enferma.

-Te aconsejo que vuelvas al camino principal -dijo el lobo feroz-.

Por si no lo sabías, por estos alrededores hay un lobo feroz.

-¿Y cómo son los lobos? -preguntó ingenuamente la niña.

-Ah, pues tienen unas orejas de color morado, muy largas -mintió el lobo-. Dime una cosa, ¿dónde vive tu abuela?

Caperucita Roja le dijo exactamente dónde vivía su abuelita. Luego, la niña siguió su camino tranquilamente. El astuto lobo tomó un atajo para llegar primero a la casa de la anciana.

El lobo conocía muy bien el bosque y pronto llegó a la casa. Esperó unos segundos frente a la puerta para recobrar el aliento y luego tocó a la puerta suavemente.

-¿Quién es? -preguntó la abuelita desde la cama.

-Es Caperucita Roja -dijo el lobo, imitando la voz de la niña.

-¡Oh, qué agradable sorpresa! -dijo la abuelita-. Pasa mi niña.

Entonces, el lobo entró. Antes de que la anciana pudiera reaccionar, el lobo se la engulló de un solo bocado. El lobo se relamió de satisfacción; luego, fue a buscar una bata al guardarropa. Enseguida se puso un gorro blanco en la cabeza y se echó unas gotas del perfume de la abuelita detrás de sus orejas peludas.

Cuando acabó de vestirse, fue a mirarse en el espejo.

-¡Oh, qué agradable sorpresa! Pasa mi niña -dijo el lobo, imitando la voz de la anciana. Practicó la frase varias veces hasta que se sintió satisfecho de su imitación.

Caperucita Roja llegó unos minutos más tarde y tocó a la puerta. El lobo se metió de un brinco en la cama y se cubrió con las mantas hasta la nariz.

-¿Quién es? -preguntó con su voz fingida.

-Soy yo, Caperucita Roja.

-¡Oh, qué agradable sorpresa! Pasa -dijo el lobo feroz.

Caperucita Roja entró y puso la cesta en la cocina. Luego, fue a darle un beso en la mejilla a su abuela.

-¡Pobre abuelita! -exclamó Caperucita-. Te ves muy mal.


Voy a darte algo de comer para que te mejores.

-Muchas gracias, tesoro -dijo el lobo.

Caperucita Roja comentó mientras cortaba unas rebanadas de pan:

-Abuelita, ¡qué voz más ronca tienes!

-Es para hablarte mejor -dijo el lobo.

La niña le llevó el plato de sopa a la abuelita y agregó:

-Esta sopa de pollo te sentará muy bien.

-Gracias, tesoro -dijo el lobo feroz.

Entonces, Caperucita se quedó mirando el gorro de la anciana.

-Abuelita, ¿te están molestando las orejas? ¡Parecen tan grandes!

-Están un poco inflamadas -dijo el lobo con su fingida voz-. Pero así te puedo escuchar mejor.

Mientras hablaba, las mantas se resbalaron un poco, dejándole el hocico al descubierto.

-¡Santo Dios! ¡Qué dientes más grandes!

-¡Son para comerte! -rugió el lobo.

En un segundo, Caperucita Roja acompañaba a su abuelita en la barriga del lobo.

Satisfecho, se relamió una vez más y se recostó a hacer una siesta. Roncaba tan fuerte que llamó la atención de un cazador que pasaba por ahí.

"Algo extraño sucede en la casa de la abuela de Caperucita Roja", pensó el cazador.

El cazador tocó a la puerta, pero el lobo dormía tan profundamente que no se despertó.
Al ver que nadie respondía, el cazador decidió abrir una ventana. Tan pronto como vio al lobo en la cama de la abuela, comprendió lo que había ocurrido. El cazador apuntó con su mosquete y le disparó al lobo.

-¡Aquí tienes tu merecido, lobo feroz! -gritó el cazador.

Para asegurarse de que el lobo estaba muerto, el cazador se acercó a ver si todavía le latía el corazón. Sorprendido, escuchó dos voces que pedían auxilio. El cazador se apresuró a rescatar a las víctimas. Por fortuna, Caperucita Roja y su abuela salieron sanas y salvas.

-¡Abuelita! -exclamó Caperucita Roja-. ¡Nunca había sentido tanto miedo! Nunca volveré a desatender las indicaciones de mamá.

En agradecimiento por haberlas salvado, la abuelita invitó al cazador a comer con ellas las delicias que había traído su nieta en la cesta. Cuando llegó la hora de partir, el cazador acompañó a Caperucita Roja de regreso hasta su casa.

-¡Qué bien, ya estás aquí! -exclamó la madre al ver a su hija-. ¿Cómo se siente la abuelita?

-¡Mucho mejor, ahora! -dijo Caperucita Roja con alegría.

"MUÑECA DE TRAPO"



"Muñeca de trapo,

bella cuando era nueva

hoy tirada en un rincón

con lazos descoloridos

ojos de un triste mirar.


¿Quién en ese estado te dejo?

¿Quién tu belleza no supo valorar?

¿Quién te dejo tirada en un rincón?

¿Quién rompió tu corazón

muñeca de triste mirar?

Vestida de tul raído por el uso

mejillas coloradas,

aun estando abandonada

quizá por vergüenza

de estar botada en un rincón.

Ya tu dueña te dejo

por otra muñeca nueva

¿De qué sirve quejarse

del destino que te toco?

¿muñeca de triste mirar?.

Esa era la queja de una muñeca de trapo, cuando vio que su dueña la cambio por una muñeca nueva y la dejo en un desván, era una muñeca de ojos verdes y una mirada que destrozaba el corazón, tenia las trenzas desechas, el vestido sucio, descalza pero aun así conservaba su belleza. Pero pasado los años, cuando su dueña, que ya era toda una señorita, al limpiar el desván la encontró y recordó lo feliz que fue con aquella muñeca, dijo: ¡Así como yo fui feliz contigo, así que sea feliz otra niña!, la tomo entre sus manos , lavo a la muñeca, la peino y le puso lazos nuevos en sus trenzas, cambio el vestido viejo por otro nuevo y le puso zapatitos de gamuza. La llevo a un orfelinato para donarlo, pasado un tiempo en el cumpleaños de una niña abandonada, fue envuelta en papel de regalo, la muñeca quedo a oscuras hasta que escucho la voz de su nueva dueña, una niña inocente de cinco años, feliz de tener una muñeca de trapo, desde aquel día la muñeca de triste mirar, tenía el corazón contento porque aprendió que su destino era hacer feliz a las niñas sin importar que cuando crezcan la abandonen en un rincón.

Este cuento es mi aporte a la niñez espero que sea del gusto de ellos. No soy escritora pero es lo que me nace y lo pongo en estas lineas. (Ana Salazar)

Derechos reservados. Si te gusta, puedes copiarlo con el nombre del autor.



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