"volare"



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"Cuento de navidad"





"AMOR PURO AMOR"

lunes, 7 de junio de 2010

....."EL GATO CON BOTAS"


Había una vez un molinero cuya única herencia para sus tres hijos eran su molino, su asno y su gato. Pronto se hizo la repartición sin necesitar de un clérigo ni de un abogado, pues ya habían consumido todo el pobre patrimonio. Al mayor le tocó el molino, al segundo el asno, y al menor el gato que quedaba.

El pobre joven amigo estaba bien inconforme por haber recibido tan poquito.

-”Mis hermanos”- dijo él,-”pueden hacer una bonita vida juntando sus bienes, pero por mi parte, después de haberme comido al gato, y hacer unas sandalias con su piel, entonces no me quedará más que morir de hambre.”-

El gato, que oyó todo eso, pero no lo tomaba así, le dijo en un tono firme y serio:

-”No te preocupes tanto, mi buen amo. Si me das un bolso, y me tienes un par de botas para mí, con las que yo pueda atravesar lodos y zarzales, entonces verás que no eres tan pobre conmigo como te lo imaginas.”-

El amo del gato no le dió mucha posibilidad a lo que le decía. Sin embargo, a menudo lo había visto haciendo ingeniosos trucos para atrapar ratas y ratones, tal como colgarse por los talones, o escondiéndose dentro de los alimentos y fingiendo estar muerto. Así que tomó algo de esperanza de que él le podría ayudar a paliar su miserable situación.
Después de recibir lo solicitado, el gato se puso sus botas galantemente, y amarró el bolso alrededor de su cuello. Se dirigió a un lugar donde abundaban los conejos, puso en el bolso un poco de cereal y de verduras, y tomó los cordones de cierre con sus patas delanteras, y se tiró en el suelo como si estuviera muerto. Entonces esperó que algunos conejitos, de esos que aún no saben de los engaños del mundo, llegaran a mirar dentro del bolso.

Apenas recién se había echado cuando obtuvo lo que quería. Un atolondrado e ingenuo conejo saltó a la bolsa, y el astuto gato, jaló inmediatamente los cordones cerrando la bolsa y capturando al conejo.

Orgulloso de su presa, fue al palacio del rey, y pidió hablar con su majestad. Él fue llevado arriba, a los apartamentos del rey, y haciendo una pequeña reverencia, le dijo:

-”Majestad, le traigo a usted un conejo enviado por mi noble señor, el Marqués de Carabás. (Porque ese era el título con el que el gato se complacía en darle a su amo).”-

-”Dile a tu amo”- dijo el rey, -”que se lo agradezco mucho, y que estoy muy complacido con su regalo.”-

En otra ocasión fue a un campo de granos. De nuevo cargó de granos su bolso y lo mantuvo abierto hasta que un grupo de perdices ingresaron, jaló las cuerdas y las capturó. Se presentó con ellas al rey, como había hecho antes con el conejo y se las ofreció. El rey, de igual manera recibió las perdices con gran placer y le dió una propina. El gato continuó, de tiempo en tiempo, durante unos tres meses, llevándole presas a su majestad en nombre de su amo.

Un día, en que él supo con certeza que el rey recorrería la rivera del río con su hija, la más encantadora princesa del mundo, le dijo a su amo:

-”Si sigues mi consejo, tu fortuna está lista. Todo lo que debes hacer es ir al río a bañarte en el lugar que te enseñaré, y déjame el resto a mí.”-

El Marqués de Carabás hizo lo que el gato le aconsejó, aunque sin saber por qué. Mientras él se estaba bañando pasó el rey por ahí, y el gato empezó a gritar:

-”¡Auxilio!¡Auxilio!¡Mi señor, el Marqués de Carabás se está ahogando!”-

Con todo ese ruido el rey asomó su oído fuera de la ventana del coche, y viendo que era el mismo gato que a menudo le traía tan buenas presas, ordenó a sus guardias correr inmediatamente a darle asistencia a su señor el Marqués de Carabás. Mientras los guardias sacaban al Marqués fuera del río, el gato se acercó al coche y le dijo al rey que, mientras su amo se bañaba, algunos rufianes llegaron y le robaron sus vestidos, a pesar de que gritó varias veces tan alto como pudo:

-”¡Ladrones!¡Ladrones!”-

En realidad, el astuto gato había escondido los vestidos bajo una gran piedra.

El rey inmediatamente ordenó a los oficiales de su ropero correr y traer uno de sus mejores vestidos para el Marqués de Carabás. El rey entonces lo recibió muy cortésmente. Y ya que los vestidos del rey le daban una apariencia muy atractiva (además de que era apuesto y bien proporcionado), la hija del rey tomó una secreta inclinación sentimental hacia él. El Marqués de Carabás sólo tuvo que dar dos o tres respetuosas y algo tiernas miradas a ella para que ésta se sintiera fuertemente enamorada de él. El rey le pidió que entrara al coche y los acompañara en su recorrido.

El gato, sumamente complacido del éxito que iba alcanzando su proyecto, corrió adelantándose. Reunió a algunos lugareños que estaban preparando un terreno y les dijo:

-”Mis buenos amigos, si ustedes no le dicen al rey que los terrenos que ustedes están trabajando pertenecen al Marqués de Carabás, los harán en picadillo de carne.”-

Cuando pasó el rey, éste no tardó en preguntar a los trabajadores de quién eran esos terrenos que estaban limpiando.

-”Son de mi señor, el Marqués de Carabás.”- contestaron todos a la vez, pues las amenazas del gato los habían amedrentado.

-”Puede ver señor”- dijo el Marqués, -”estos son terrenos que nunca fallan en dar una excelente cosecha cada año.”-

El hábil gato, siempre corriendo adelante del coche, reunió a algunos segadores y les dijo:

-”Mis buenos amigos, si ustedes no le dicen al rey que todos estos granos pertenecen al Marqués de Carabás, los harán en picadillo de carne.”-

El rey, que pasó momentos después, les preguntó a quien pertenecían los granos que estaban segando.

-”Pertenecen a mi señor, el Marqués de Carabás.”- replicaron los segadores, lo que complació al rey y al marqués. El rey lo felicitó por tan buena cosecha. El fiel gato siguió corriendo adelante y decía lo mismo a todos los que encontraba y reunía. El rey estaba asombrado de las extensas propiedades del señor Marqués de Carabás.

Por fin el astuto gato llegó a un majestuoso castillo, cuyo dueño y señor era un ogro, el más rico que se hubiera conocido entonces. Todas las tierras por las que había pasado el rey anteriormente, pertenecían en realidad a este castillo. El gato que con anterioridad se había preparado en saber quien era ese ogro y lo que podía hacer, pidió hablar con él, diciendo que era imposible pasar tan cerca de su castillo y no tener el honor de darle sus respetos.

El ogro lo recibió tan cortésmente como podría hacerlo un ogro, y lo invitó a sentarse.

-”Yo he oído”- dijo el gato, -”que eres capaz de cambiarte a la forma de cualquier criatura en la que pienses. Que tú puedes, por ejemplo, convertirte en león, elefante, u otro similar.”-

-”Es cierto”- contestó el ogro muy contento, -”Y para que te convenzas, me haré un león.”-
El gato se aterrorizó tanto por ver al león tan cerca de él, que saltó hasta el techo, lo que lo puso en más dificultad pues las botas no le ayudaban para caminar sobre el tejado. Sin embargo, el ogro volvió a su forma natural, y el gato bajó, diciéndole que ciertamente estuvo muy asustado.

-”También he oído”- dijo el gato, -”que también te puedes transformar en los animales más pequeñitos, como una rata o un ratón. Pero eso me cuesta creerlo. Debo admitirte que yo pienso que realmente eso es imposible.”-

-”¿Imposible?”- Gritó el ogro, -”¡Ya lo verás!”-

Inmediatamente se transformó en un pequeño ratón y comenzó a correr por el piso. En cuanto el gato vio aquello, lo atrapó y se lo tragó.

Mientras tanto llegó el rey, y al pasar vio el hermoso castillo y decidió entrar en él. El gato, que oyó el ruido del coche acercándose y pasando el puente, corrió y le dijo al rey:

-”Su majestad es bienvenido a este castillo de mi señor el Marqués de Carabás.”-

-”¿Qué?¡Mi señor Marqués!” exclamó el rey, -”¿Y este castillo también te pertenece? No he conocido nada más fino que esta corte y todos los edificios y propiedades que lo rodean. Entremos, si no te importa.”-

El marqués brindó su mano a la princesa para ayudarle a bajar, y siguieron al rey, quien iba adelante. Ingresaron a una espaciosa sala, donde estaba lista una magnífica fiesta, que el ogro había preparado para sus amistades, que llegaban exactamente ese mismo día, pero no se atrevían a entrar al saber que el rey estaba allí.

Su majestad estaba perfectamente encantado con las buenísimas cualidades de mi señor el Marqués de Carabás, y observando que su hija se había enamorado violentamente de él, y después de haber visto sus grandes posesiones, y además de haber bebido ya cinco o seis vasos de vino, le dijo:

-”Será solamente tu culpa, mi señor Marqués de Carabás, si no llegas a ser mi yerno.”-

El marqués, haciendo varias pequeñas reverencia, aceptó el honor que Su Majestad le estaba confiriendo, y enseguida, ese mismo día se casó con la princesa.

El gato llegó a ser un gran señor, y ya no tuvo que correr tras los ratones, excepto para entetenerse.

sábado, 5 de junio de 2010

....."EL TIGRE Y LA CABRA"


Se cruzaron un día y se enamoraron a simple vista. El tigre la miró embelesado pues era una cabra realmente hermosa. Ella hizo como que bajaba la mirada.

Cada uno vio una hermosa luz en los ojos del otro. El tigre dijo:- "Hola, ¿como te va?". - "Muy bien", contestó ella, que a su vez preguntó en forma aparentemente inocente: - "¿Tu quién eres?", mientras le corría una chispeante sensación por la columna vertebral al estar tan cerca de tan hermoso ejemplar de tigre.

El tigre dio un paso atrás pensativo y empezó a balbucear: -"Yo soy..., yo soy...." y mientras decía esto, el tigre, que sabía que las cabras desconfiaban mucho de los de su especie, pensó en una mentirita piadosa y dijo con firmeza: - "Yo soy un gato".

Entonces la Cabra pensó que al Tigre no le iba a gustar mucho estar ante una cabra y antes que éste preguntase, dijo rápidamente: - Yo soy un perro.

Y de este modo un tigre que se hacía el gato, y una cabra que trataba de pasar por perro se encontraron por primera vez. Pasaron los meses y el amor iba en aumento, hasta que llegó el día que se dijeron casi al mismo tiempo.

- Ya no puedo vivir sin ti, quiero compartir mi vida contigo, quiero que vivamos juntos. Y el tigre y la cabra se fueron a vivir juntos. Era casi cómico verlos en su nuevo hogar. El tigre haciendo de gato y tratando de comer las verduras y las papillas que tanto le gustaban a la cabra.

Cada tanto el Tigre miraba la vida que llevaban los otros tigres, se ponía un poco triste y se decía: - Tengo que lograr ser un gato, es más soy un gato al que le gusta comer verduras y papillas, y quedarse en su hogar. Incluso llegó a poner cartelitos por todos lados que decían "recuerda que eres un gato".

La Cabra, por su parte, y desde el profundo amor que tenía, trataba de ser un fiel perro guardián del hogar. Pero era inevitable: a ella le gustaba el sabor de lo lejano. Siempre la siguiente colina parecía tener el prado más verde y hacia ahí quería ella salir corriendo, aunque no lo hacía.
Se quedaba en el hogar entristecida cada vez más mientras esperaba a que el Tigre volviese.

Un día, como tantos otros, el Tigre se había tirado, como un minino, delante del hogar de leña y recordaba la selva, con todos sus peligros. Recordaba su vida llena de momentos de entusiasmo súbito, visiones instantáneas, planes gigantescos y estrategias inteligentes donde él se lucía con todo su porte. Fue entonces que recordando una de sus tantas aventuras se le escapó un suspiro.

En ese momento la cabra lo escuchó, y le preguntó qué le pasaba. El habló vagamente de la selva y de las bellezas que contenía, y al ver que la cabra escuchaba atentamente, el tigre terminó afirmando que la selva era el mejor lugar para que los gatos y los perros fuesen a buscar diversiones.

No le fue difícil convencer a la cabra, que le gustaba todo lo novedoso, para que lo acompañara a la selva. Pero todo fue un desastre. No bien entraron en la espesura, aparecieron los primeros peligros y mientras el Tigre se relamía pensando que por fin empezaba un poco de acción para desentumecer sus músculos, la cabra se asustó tanto que salió corriendo hacía la primera colina que vio.

Allí se quedó escondida detrás de un pequeño arbusto, hasta que el Tigre la encontró temblando y la llevó al hogar.

Siguió pasando el tiempo y la añoranza y la tristeza que iban penetrando profundamente en el interior del tigre sólo era comparable a lo que le sucedía a la cabra.
Ella seguía quedándose en la casa esperando que su majestad volviese, mientras refrenaba sus impulsos naturales de salir corriendo detrás de cualquier cosa que llamase su atención. Su innata curiosidad no sólo estaba presente, sino que aumentaba constantemente. Ella también suspiraba por lo que no tenía.

Le hubiese encantado salir corriendo hacía el prado y charlar con otros animales, pero no lo hacía pues sabía que esto sacaba de sus cabales al celoso Tigre, que veía por todos lados a galanes pretendiendo a su cabra.

No era difícil imaginar el futuro de la relación: El tigre, luego de haber tratado de vivir su día como un gato, volvía de noche cansado y de mal humor, y se encontraba con la cabra, que había estado encerrada todo el día, tratando de vivir como un perro y con un humor tan malo como el del Tigre.

Alcanzaba un pequeño gruñido del tigre para que la cabra se pusiese loca. Alcanzaba algún pequeño desliz de la cabra para que el tigre rugiese.

Así pasaron los años......

La cabra se recriminaba: - He tratado de ser todo un perro para agradarlo, pero es inútil este tigre nunca termina de convertirse en un buen gato.

El tigre también sentía lo mismo que ella. Había tratado de vivir como un gato. Se había entregado a esa cabra creyendo que se iba a comportar como un perro, y ahora se daba cuenta que era inútil. Lo único que había logrado era tener una cabra triste y rezongona.

Hasta que un día, casi ya sin fuerzas la cabra que quería ser perro y el tigre que quería ser gato, se miraron a los ojos como el primer día, pero esta vez en vez de luz encontraron sus miradas perdidas, tristes, y se dieron cuenta que contra la naturaleza no se puede ir.

Finalmente desde todo el amor que todavía se tenían, se separaron.

Así la Cabra se redescubrió y reencontró con su verdadero ser, volvió a ser ella misma: Recuperó su belleza, disfrutó de su plena libertad, volvió a ser creativa, disfrutó de la naturaleza pacífica, de sus sueños. Buscó y encontró la seguridad que necesitaba en su hogar, desde el cual podía salir a saltar a gusto y sin peligro por los campos verdes. Y finalmente pudo tomarse todo con calma, pues ella valoraba la tranquilidad.

Por su lado también el Tigre se reencontró con su verdadero ser.

Así fue pasando el tiempo para el Tigre y para la Cabra, hasta que un día se encontraron frente a frente. El miró de nuevo a esos ojos cargados de luz, y le dijo: - Yo soy un Tigre. Y ella sin esperar que él preguntara, contestó, mientras también lo miraba fijo a los ojos, también llenos de luz: - Yo soy una Cabra.

Y se fueron felices caminando juntos por un sendero. El Tigre le hablaba de sus historias de la selva, mientras la Cabra le contaba de la última flor que había descubierto en una nueva colina.
             
                      
Que maravilloso es ser uno mismo, para poder triunfar y que nos valoren hasta en el abismo. No importa cuales sean nuestros pensamientos, solo interesa conservarlos y no tenerle miedo a los enfrentamientos, sin utilizar caretas viviendo de apariencias para quedar bien, porque de esa manera nunca se alcanzará la meta.

....."EL PRINCIPE RANA"



Hace mucho tiempo una joven y hermosa princesa jugaba con una bolita de oro junto a un viejo pozo.

De pronto, la bolita se cayó, en el pozo.

El pozo era tan profundo que la princesa no lograba ver el fondo.
__ ¡Ay, qué tristeza! he perdido mi bolita de oro __ se lamentó, y comenzó a llorar.

De repente, desde el fondo del pozo, salió una fea rana.

__Yo podría sacar la bolita del pozo, pero a cambio tú serás mi mejor amiga. Cenaremos en tu castillo y de vez en cuando pasaré la noche ahí __ le propuso la rana.

Aunque la princesa pensaba que aquello era un capricho de la rana, accedió.

Enseguida la rana dio un salto al fondo del pozo y regresó sin demora con la bolita de oro.
Se la entregó a la princesa y ella, sin darle las gracias, corrió feliz al castillo.
__¡Espera! __ le dijo la rana.__¡No puedo correr tan rápido!

Pero la princesa, llena de felicidad por su bolita, no le prestó atención, y dejó atrás a la rana.

Al día siguiente, la princesa estaba con sus padres cuando alguien llamó a la puerta. La princesa fue a abrir, y al ver a la rana fea, le cerró la puerta en la cara.

El rey comprendió que algo sucedía. __Es sólo una rana __ dijo la princesa.

__¿Y qué quiere esa rana? __preguntó el rey.

La princesa le explicó todo, mientras la rana seguía golpeando la puerta.
Por justicia, el rey ordenó que entrara la rana, pues estaba en su derecho. La rana y la familia real se sentaron a cenar. Pero la princesa estaba muy enojada, tanto que se le quitó el apetito al ver comer a la rana. Luego la rana pidió a la princesa ir hasta su habitación porque necesitaba dormir.

La idea de compartir su cama con una rana le resultó tan repugnante que la princesa echó a llorar.

Pero su padre le dijo :

"Hija, no es bueno dar la espalda a alguien que te prestó ayuda. Llévalo".

La princesa recogió a la rana, sólo con dos dedos__ y la llevó hasta su habitación.
Cuando la princesa se metió en la cama, vio sorprendida que la rana lloraba.

__Yo deseaba que seas mi amiga __dijo la rana __. Pero tú no quieres. Mejor regresaré al pozo.

Entonces la princesa se conmovió y para demostrar que sí quería ser su amiga le dio un beso.
De pronto la rana comenzó a transformarse, la princesa se asustó al ver que la rana crecía y empezaba a cambiar de forma.
La rana, se había convertido en un apuesto príncipe, la princesa estaba muy sorprendida con lo sucedido. El principe explicó a la princesa que una bruja le había lanzado un hechizo que sólo se rompería con el beso de una bella princesa.

La princesa y el príncipe empezaron una hermosa amistad, algunos años después se casaron y fueron muy felices. 

viernes, 4 de junio de 2010

....."LOS TRES HIJOS DEL ZAR"

Hace muchos años, en Rusia vivía un zar que tenía que decidir quién de sus tres hijos heredaría su trono, por ese motivo, un día los reunió y les dijo :

__Escuchadme, hijos míos. Tengo muchos años y estoy cansado, ha llegado el momento de nombrar a mi sucesor. Ya que no podéis compartir el trono, he ideado la forma de resolver el dilema. Tensad
bien vuestro arco y dejad que vuestras flechas vuelen. Id a ver dóndese han clavado. Debéis casaros con aquella doncella que más cerca se encuentre de la flecha. Mi sucesor será aquel cuya esposa
demuestre merecer ser la esposa de un zar.

Así, los tres príncipes al amanecer del día siguiente, prepararon sus arcos en un claro del bosque próximo al palacio. El primero en disparar el arma fue Igor, el primogénito. Su flecha cayó en el interior de un bellísimo jardín, donde se hallaba recogiendo flores una hermosa doncella llamada Irina, era hija de un barón amigo del zar.

Igor, exclamó orgullosamente :

__¡Vaya! Soy muy afortunado. Si esta bella dama accede a casarse
conmigo, sin duda me sentaré en el trono.

El segundo príncipe fue Vassili, el mediano. lanzo su flecha muy lejos,hasta que se clavó en un árbol, cuya sombra cobijaba a Milena, la hija de un rico comerciante de telas. Milena era una joven doncella, culta y educada, por lo que Vassili se sintió muy satisfecho de su fortuna y pensó:

__Cuando mi padre la conozca, seguro que decidirá nombrarme zar.

Le llegó el turno al más joven, Iván. Lanzó su flecha con tal decisión que se perdió de vista, por más que buscaban no daban con ella.
Pasaron varias horas hasta que, el príncipe Iván se encontró una preciosa gata que jugaba con su flecha entre sus patas.
Como no vio a ninguna doncella cerca del lugar donde se hallaba la flecha, intentó recuperarla, pero la gata le habló, mirándole fijamente con sus enormes ojos brillantes :

__Te devolveré tu flecha si te casas conmigo.
Iván asustado corrió al palacio y explico a su padre lo ocurrido :

__Oh, padre, ¿Qué debo hacer? __pregunto.

__No debes ir en contra del destino, hijo mío, debes casarte con esa gata __ le contestó el zar.

Poco tiempo después se celebraron las tres bodas. El zar dio una gran fiesta, los nobles de toda Rusia fueron invitados a participar en el acontecimiento más importante del año.

Las novias de los príncipes Igor y Vassili  aparecieron radiantes de belleza.
Iván, resignado con la suerte que le había deparado el destino, sostenía a la gata entre sus brazos.

Los invitados a la boda se miraban sorprendidos y comentaban :

__¿Has visto eso? ¡Lleva una gata como esposa! murmuró un invitado.

__¿Una gata por esposa? ¡Esta loco! ¡Cómo es posible!__dijo otro invitado.

__¿Qué será de él ? ¡Pobre príncipe Iván! __ lamentó otro.

Una semana después de la boda, el zar reunió de nuevo a sus tres hijos y explicó en qué consistía la primera prueba a la que debían someterse las esposas :

__Deseo comprobar cuál de vuestras esposas es la que mejor cose. Al alba, debéis traerme una camisa bordada por ellas.

Los príncipes regresaron  a sus palacios para explicar a sus esposas el mensaje del zar. Pero Iván llegó a su hogar muy triste y afligido.

__¿Qué te ocurre? __ le pregunto la gata, afectuosamente.

__Mi padre, desea para mañana al alba, una camisa bordada especialmente para él. -- le dijo Iván.

__No te inquietes, vete a dormir, mañana al amanecer tendrás una hermosa camisa bordada.__Le dijo la gata.

Aquella noche, el príncipe, permaneció despierto pensando en su terrible destino. Con el primer rayo de sol, se levantó para pasear y encontró una fina camisa perfectamente bordada.

Cuando la llevó a palacio, nadie podía creerlo :
la camisa que había bordado la gata era la mejor de las tres.

__¡Fantastico! __ exclamó el zar__. Es la mejor camisa.

Ahora deseo comprobar las dotes culinarias de vuestras esposas. Mañana me traeréis cada uno un postre hecho por ellas. Mi paladar será el juez de sus talentos culinarios.

De nuevo, Iván se entristeció  :

__No creo que mi suerte continúe __pensó.

Pero la gata le consoló :

No te preocupes, amor mío. Verás qué exquisitez prepararé para tu padre.

Y así fue. El zar se chupó los dedos :
__¡Ummm! ¡Esto es exquisito! __dijo disfrutando el postre.

Los hermanos del príncipe no estaban tan encantados y protestaron :

__Padre, ¡esto es un engaño! __ exclamo Igor.

__¡Debe ayudarle alguien! ¡Nos está engañando! __ protesto Vassili.

__¡Esperad un momento! __dijo el zar __. Hijos míos, se cómo llegar al fondo del tema, la tercera y definitiva prueba la harán vuestras esposas en mi presencia. Esta noche se celebrará un banquete en vuestro honor. Veremos cuál de las tres es la que mejor se comporta en la mesa.

Iván pensó que sus posibilidades de ganar a sus hermanos se habían desvanecido. Nunca se convertiría en zar. ¿Cómo iba una gata a mantener las formas apropiadas en una mesa?.
De todas maneras ya no le importaba, pues iba gustándole vivir en compañia de su gata.

Aquella noche, antes de comenzar el banquete, la gata le dijo a su esposo que acudiera a la cena solo y que no se preocupara lo más mínimo :

__Confía en mí __ronroneó__. Yo iré más tarde y no te avergonzarás de mi presencia.

El príncipe Iván acudió a la cena solo y se sentó en la mesa junto a la silla vacía de su esposa.
Cuando estaba a punto de iniciarse la cena, la puerta del salón se abrió y entró una doncella bellísima y elegante que provocó el asombro y las miradas de todos los invitados.

La doncella se dirigió al zar y le dijo :

__Excelencia, soy la princesa Nadia, esposa de vuestro hijo, el príncipe Iván.
Él ha logrado romper el encantamiento que me convirtió en gata, solamente un príncipe de buen corazón podría amarme sin conocer mi auténtico aspecto físico y confiar en mis palabras ciegamente. Ruego que me aceptéis y dejéis sentarme a la mesa junto a mi amado esposo.

__¡Por todos los diablos rusos! ¡Claro que sí! Por favor, siéntate y que empiece la celebración __ declaró el zar.

Nadia demostró los mejores y más finos modales durante el banquete. Iván se sentía el hombre más afortunado del mundo.
__Te quiero, Nadia __ le confesó a su esposa.

__Yo también te quiero, mi bello príncipe __ replicó Nadia.

__Di más bien tu bello... zar, hija mía __ dijo el padre de Iván.

__¡Gracias, padre! __ dijo Iván.

__Puedes agradecérle a tu esposa __ replicó el zar y declaró :

__Escuchadme, aunque Iván y Nadia tendrán la responsabilidad de gobernar nuestro reino, os felicito, pues habéis conseguido las tres esposas más bellas y bondadosas de todo el mundo.

Acto seguido, el zar empezó a reír y añadió :

__¡Que empiece la música y el baile!

Y así, entre risas y besos, concluyeron el banquete. Las tres parejas vivieron felices sin envidias ni rencores, reinaron y administraron el Imperio de tal manera que se convirtió en el más importante de su tiempo.

jueves, 3 de junio de 2010

....."LAS HABICHUELAS MAGICAS"


Periquín vivía con su madre, que era viuda, en una cabaña del bosque. Como con el tiempo fue empeorando la situación familiar, la madre determinó mandar a Periquín a la ciudad, para que allí intentase vender la única vaca que poseían. El niño se puso en camino, llevando atado con una cuerda al animal, y se encontró con un hombre que llevaba un saquito de habichuelas. -Son maravillosas -explicó aquel hombre-. Si te gustan, te las daré a cambio de la vaca. Así lo hizo Periquín, y volvió muy contento a su casa. Pero la viuda, disgustada al ver la necedad del muchacho, cogió las habichuelas y las arrojó a la calle. Después se puso a llorar.

Cuando se levantó Periquín al día siguiente, fue grande su sorpresa al ver que las habichuelas habían crecido tanto durante la noche, que las ramas se perdían de vista. Se puso Periquín a trepar por la planta, y sube que sube, llegó a un país desconocido. Entró en un castillo y vio a un malvado gigante que tenía una gallina que ponía un huevo de oro cada vez que él se lo mandaba. Esperó el niño a que el gigante se durmiera, y tomando la gallina, escapó con ella. Llegó a las ramas de las habichuelas, y descolgándose, tocó el suelo y entró en la cabaña.
La madre se puso muy contenta. Y así fueron vendiendo los huevos de oro, y con su producto vivieron tranquilos mucho tiempo, hasta que la gallina se murió y Periquín tuvo que trepar por la planta otra vez, dirigiéndose al castillo del gigante. Se escondió tras una cortina y pudo observar como el dueño del castillo iba contando monedas de oro que sacaba de un bolsón de cuero.
En cuanto se durmió el gigante, salió Periquín y, recogiendo el talego de oro, echo a correr hacia la planta gigantesca y bajó a su casa. Así la viuda y su hijo tuvieron dinero para ir viviendo mucho tiempo. Sin embargo, llegó un día en que el bolsón de cuero del dinero quedó completamente vacío.

Se cogió Periquín por tercera vez a las ramas de la planta, y fue escalándolas hasta llegar a la cima. Entonces vio al ogro guardar en un cajón una cajita que, cada vez que se levantaba la tapa, dejaba caer una moneda de oro. Cuando el gigante salió de la estancia, cogió el niño la cajita prodigiosa y se la guardó y se eccondió en la estancia, desde su escondite vio Periquín que el gigante se tumbaba en un sofá, y un arpa, ¡oh maravilla!, tocaba sola, sin que mano alguna pulsara sus cuerdas, una delicada música. El gigante, mientras escuchaba aquella melodía, fue cayendo en el sueño poco a poco.

Apenas le vio así Periquín, cogió el arpa y echó a correr. Pero el arpa estaba encantada y, al ser tomada por Periquín, empezó a gritar: -Eh, señor amo, despierte usted, que me roban! Despertose sobresaltado el gigante y empezaron a llegar de nuevo desde la calle los gritos acusadores: -Señor amo, que me roban! Viendo lo que ocurría, el gigante salió en persecución de Periquín. Resonaban a espaldas del niño pasos del gigante, cuando, ya cogido a las ramas empezaba a bajar. Se daba mucha prisa, pero, al mirar hacia la altura, vio que también el gigante descendía hacia él.
No había tiempo que perder, y así que gritó Periquín a su madre, que estaba en casa preparando la comida: -Madre, tráigame el hacha en seguida, que me persigue el gigante! Acudió la madre con el hacha, y Periquín, de un certero golpe, cortó el tronco de la trágica habichuela. Al caer, el gigante se estrelló, pagando así sus fechorías, y Periquín y su madre vivieron felices con el producto de la cajita que, al abrirse, dejaba caer una moneda de oro.

"MUÑECA DE TRAPO"



"Muñeca de trapo,

bella cuando era nueva

hoy tirada en un rincón

con lazos descoloridos

ojos de un triste mirar.


¿Quién en ese estado te dejo?

¿Quién tu belleza no supo valorar?

¿Quién te dejo tirada en un rincón?

¿Quién rompió tu corazón

muñeca de triste mirar?

Vestida de tul raído por el uso

mejillas coloradas,

aun estando abandonada

quizá por vergüenza

de estar botada en un rincón.

Ya tu dueña te dejo

por otra muñeca nueva

¿De qué sirve quejarse

del destino que te toco?

¿muñeca de triste mirar?.

Esa era la queja de una muñeca de trapo, cuando vio que su dueña la cambio por una muñeca nueva y la dejo en un desván, era una muñeca de ojos verdes y una mirada que destrozaba el corazón, tenia las trenzas desechas, el vestido sucio, descalza pero aun así conservaba su belleza. Pero pasado los años, cuando su dueña, que ya era toda una señorita, al limpiar el desván la encontró y recordó lo feliz que fue con aquella muñeca, dijo: ¡Así como yo fui feliz contigo, así que sea feliz otra niña!, la tomo entre sus manos , lavo a la muñeca, la peino y le puso lazos nuevos en sus trenzas, cambio el vestido viejo por otro nuevo y le puso zapatitos de gamuza. La llevo a un orfelinato para donarlo, pasado un tiempo en el cumpleaños de una niña abandonada, fue envuelta en papel de regalo, la muñeca quedo a oscuras hasta que escucho la voz de su nueva dueña, una niña inocente de cinco años, feliz de tener una muñeca de trapo, desde aquel día la muñeca de triste mirar, tenía el corazón contento porque aprendió que su destino era hacer feliz a las niñas sin importar que cuando crezcan la abandonen en un rincón.

Este cuento es mi aporte a la niñez espero que sea del gusto de ellos. No soy escritora pero es lo que me nace y lo pongo en estas lineas. (Ana Salazar)

Derechos reservados. Si te gusta, puedes copiarlo con el nombre del autor.



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